Prostitucion en el centro de chiclayo
La calle es su mejor socio para hacer dinero, y al mismo tiempo, el escenario donde nadie quisieran que los vean, las largas noches envuelven su inframundo e intensifican cada vez más su falta de amor, pasión y esperanza, esos mismos sentimientos que alguna vez les fueron arrebatados por experiencias nefastas que nunca más quisieran recordar, son ellos, las mujeres y homosexuales que se prostituyen a cambio de un par de soles, los mismos que causan zozobra ciudadana en pleno corazón de Chiclayo, y que provocan a más de un transeúnte cumplir sus más codiciadas fantasías.
Todas las noches a partir de la nueve, entre la intersección de las avenidas Pedro Ruiz y José Balta, encontramos a aquellas personas que no conocen los momentos de frio y lluvia, más aun cuando se trata de brindar sus servicios sexuales a cualquiera que se le cruce por su camino.
¿Pero qué pasa o que ha pasado en las vidas de estas personas, para que hayan elegido un oficio tan criticado por la sociedad?, ¿qué pasa por las mentes de estos sujetos que cada día cargan un peso más lleno de discriminación, miseria y desdicha?
Vida desafortunada
Una gélida noche es embestida por un mar de lujuria en el núcleo de la ciudad, con atractivas y muy cortas prendas que desorbitan las miradas del más cándido circundante. Ahí encontramos a “La madona chola” como la llaman sus compañeras del oficio “más antiguo del mundo”, por sus rasgos parecidos al de la famosa reina del pop.
Ella muy placenteramente me recibe con una sonrisa que disimula su fatídico mundo interior. Sin duda “nadie sabe lo de nadie”, es una frase que “La madona chola”, siempre responde a cualquiera que le pregunte el porqué la elección de su actual trabajo, que lo ha venido acompañando por más de 20 años.
El caso de Romina, según ella su nombre real, es uno de los más singulares en su entorno laboral, no solo por la mala pasada que le jugó el destino, sino también por la ruptura de esa frase tan conocida: “De tal palo, tal astilla”, y es que ella tiene una hija de 16 años de edad , muy educada, estudiosa y que a pesar de conocer el trabajo de su madre, siempre está a su lado en los más duros momentos , Romina la considera como “el único motivo para vivir”, dice rezar a cada instante para que a su hija no le pase lo mismo que le paso a ella alguna vez, cuando era aún una niña.
Ella tenía apenas 13 años de edad, y ya conocía el odio y recelo por todos los hombres que la rodeaban, su infinito pavor la consumía cada vez más cuando un muchacho de su edad se le acercaba para galantearla, su recuerdo de haber sido violada por dos de sus vecinos era cada vez mas abrumador en su vida prematura; tres años después, fallecida su madre, sola y a cientos de kilómetros de distancia del resto de su familia, se metió al mundo de la delincuencia y las drogas, y por consecuencia de todo ello, al de la prostitución.
Hoy en día dice no tener más opción que seguir ejerciendo este oficio para llevar un poco de dinero a casa, ella señala no encontrar en ningún sitio un trabajo digno que acepte sus actuales antecedentes penales que lo han sellado para toda su vida.
Parada homosexual:
Rechazados por algunos, buscados por otros, cuestión de gustos como dicen ellos, allí están los homosexuales vestidos de mujer, que noche tras noche se convierten en una maquina de erotismo para obtener dinero.
¡La noche aún esta virgen mi amor!, escucho con más intensidad cada vez que me acerco tímidamente a unos pasos más allá de donde se encuentra el grupo de Romina; él es Ronald, un homosexual de 29 años de edad, que por la noches se exhibe con el nombre de Pierina, un travesti que, junto a sus demás acompañantes, travestis también, condensan un ambiente más alborozado, que son combinados junto a coqueteos, silbidos y seducción para los clientes masculinos más especiales.
Paradójicamente a mis pensamientos, Ronald afirma no estar incómodo en la ocupación sexual que ejerce, y es que considera a su lugar de trabajo, como: “el único sitio donde los hombres le prestan atención”, ya que antes de practicar esta actividad, cuando era un adolescente, no sabía más que escuchar las burlas e insultos de los que lo rodeaban, no solo eso fue el motivo para que se sumara a la prostitución, sino también tuvo que sufrir en carne propia el rechazo de su familia, por haber manifestado en aquel tiempo su orientación sexual.
Como no es habitual en la prostitución, ella dice haber conocido en su trabajo a varios clientes amables, e inclusive ha habido veces, que ha ido a la cama con hombres, nada más para disfrutar de una larga noche de charla.
Es por eso que Ronald o Romina, menciona sentirse por el momento, una persona común y corriente a la hora de desempeñarse en su actual oficio; a pesar, ser consciente del rechazo que le pueden mostrar si alguna vez optara por solicitar otro empleo, no descarta la posibilidad de estar, algún día ejerciendo otra labor.
Irritación e inseguridad social
La prostitución en el centro de Chiclayo ha causado por varios años la intranquilidad y e inseguridad pública en toda la ciudad, pero más directamente a todas esas familias que viven cerca de estas calles, donde la mayoría de veces, su sueño es interrumpido por trifulcas y robos que desnudan toda una madrugada pacífica.
Ellos saben que la prostitución no es un delito, y piensan que puedan hacer lo que quieran en el lugar donde laboran, sin bien es cierto, ellos tienen derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor les plazca, tal derecho queda infringido, cuando lesionan los preceptos de la moral de los demás; es por eso, que hace años la Policía Nacional a tratado de erradicar la prostitución, pero aún no de manera formal, es decir, sin la prescencia de un fiscal; hoy, es una de la cuantas noches que realizan este tipo de operativos, que aunque sea calma el tedioso comportamiento de estas personas , estos operativos también sirven para de una u otra forma evitar la delincuencia, que es descomunal causa de la prostitución.
Posibles consecuencias que lamentar
La prostitución callejera no solo afecta a la ciudadanía, ya sean los vecinos, transeúntes y clientes, sino también, este daño recae muchas veces en los propios trabajadores sexuales, por no tener ningún tipo de control sanitario que certifique que están con un buen estado de salud.
Ante esta realidad que nos ha venido acompañando por mas 30 años, es casi absurdo decir que la prostitución callejera algún día pueda ser erradicada, mucho menos cuando las autoridades, como el Ministerio de Salud, la Policía Nacional y la Sunat, ni si quiera han dado una iniciativa, para crear algún tipo de programa o lucha de prevención contra este tema tan controversial, que causa el agobio de todos los ciudadanos chiclayanos; no se trata de eliminar la prostitución clandestina, ya que eso sería imposible, lo ideal sería suprimir la ilegalidad de dicho trabajo, para así garantizar tanto la salud y seguridad de los agentes sexuales, como la del resto del pueblo.
No hay duda que cuando hablamos de prostitución en las calles más transitadas de Chiclayo, nuestras mentes se llenan de pensamientos misantrópicos que definen a ese grupo, como una lacra social que cada vez pudre mas el bienestar ciudadano; sin imaginar que no todos han tenido la misma fortuna, de tener una vida llena de privilegios, amor y experiencias espléndidas que recordar; y al mirar la realidad del presente y un posible futuro, nos indigna ver como esto afecta y alarma cada día más a nuestra ciudad, que urge de un mínimo apoyo, para que de una vez por todas se pueda suprimir este fenómeno social y así crear un polo de desarrollo que beneficie, a todo el pueblo chiclayano.












